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THE IRON GIANT

  • Aportado por Eduardo J. Carletti
  • 19 jul 2018
  • 1 Min. de lectura

Esta máquina de combate de 30 metros de altura de la película animada de 1999 poseía un cañón de energía y se alimentaba de autos. Pero en realidad se sentía bien jugando a las escondidas con un niño de edad escolar. Este gigante al final alcanza una "iluminación robótica", descubriendo que controla su propio destino (aún cuando esto signifique derretir un arma nuclear suborbital). Es un ejemplo clásico de cómo los robots —al igual que todas las tecnologías— no son ni buenos ni malos, sino herramientas de las circunstancias.

 
 
 

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